martes, 19 de febrero de 2008

Las avellanas




El otoño es la época ideal para recolectar avellanas y, con ellas, obtener un importante complemento energético
Como avellana de Reus se conoce a las distintas variedades de avellanas que, desde 1997, gozan del máximo galardón de calidad, la denominación de origen. Todas ellas tienen en común la región de cultivo, las comarcas tarraconenses de El Baix Camp, El Priorat, El Tarragonès, La Conca de Barberà y la Terra Alta, con centro neurálgico en Reus, ciudad que les da el nombre.
Las 180 calorías por una ración de avellanas (un puñado de unos 25-30 gramos) se convierten en una buena dosis de energía; las avellanas sobresalen por su riqueza en vitamina E antioxidante, sustancia que a su vez permite que la abundante grasa que contienen estos frutos secos no se oxide y se enrancie, dando mal sabor al alimento. Con sólo un puñado de avellanas cada día se cubre más del 60% de las recomendaciones diarias recomendadas de vitamina E, nutriente que protege a los glóbulos rojos y a las células musculares, así como disminuye el deterioro de las membranas celulares del sistema nervioso y del sistema cardiovascular.

miércoles, 13 de febrero de 2008

Limpieza de las mollejas

Las mollejas son despojos o vísceras de color claro y sabor delicado que pueden corresponder a diferentes glándulas de los animales. Las más apreciadas en la gastronomía española son las mollejas (de garganta) de ternera. Estas vísceras, a pesar de su bajo contenido en grasa, presentan el inconveniente de su abundancia en colesterol y en purinas, por lo que su consumo se restringe en caso de problemas cardiovasculares, hiperuricemia y gota.Una vez limpias y blanqueadas, las mollejas se suelen preparar salteadas, braseadas, rebozadas empanadas. Antes de blanquearlas, deben someterse a remojo (agua fría) durante dos horas, cambiando el agua dos o tres veces. Quedan más blancas y se limpian bien de la sangre que puedan contener. se introducen en una cacerola con agua fría que las cubra. Se les da un hervor con un poco de cebolla troceada, laurel, zumo de limón y una pizca de sal. Se ponen a cocer y, cuando rompe el hervor, se baja la intensidad del fuego y se cuecen despacio durante unos cinco minutos. Son retiradas del fuego. Se sacan del agua caliente y se introducen en otro recipiente con agua fría, para que se refresquen, por espacio de 10 minutos. Una vez refrescadas, se escurren y, después, se extraen todas las venas, los trocitos de grasa y las pieles que resten, hasta que queden totalmente limpias.